Érase una vez una vieja que tragó una mosca gris

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Autor: Jeremy Holmes

“There was an old lady who swallowed a fly” es el título de este libro en inglés. Un título que nos recuerda los primeros versos en los limericks de Edward Lear .

El texto se estructura en base al juego de la retahíla: una vieja ingiere una mosca y luego, en forma acumulativa va ingiriendo otros animales de cada vez mayor porte, con el pragmático objetivo de anular la presencia de los anteriores. Así sucesivamente la vieja se traga: una mosca gris, una araña, un pájaro, un gato, un perro, una serpiente, una vaca y finalmente un caballo.

Hacia el final del libro el texto queda así:

“ÉRASE UNA VEZ
UNA VIEJA QUE SE TRAGÓ UNA VACA.
¿Le habrá puesto albahaca cuando se comió la vaca?

SE TRAGÓ TODA LA VACA PARA ATRAPAR LA SERPIENTE.
SE TRAGÓ LA SERPIENTE PARA ATRAPAR AL PERRO.
SE TRAGÓ TODO EL PERRO PARA ATRAPAR AL GATO.
SE TRAGÓ TODO EL GATO PARA ATRAPAR AL PÁJARO.
SE TRAGÓ AL PÁJARO PARA ATRAPAR A LA ARAÑA,
que brincaba y bailaba en sus entrañas.
SE TRAGÓ A LA ARAÑA PARA ATRAPAR A LA MOSCA GRIS.

Yo no sé por qué se tragó a la mosca así.
QUIZÁ SE VA A MORIR.”

Estos dos últimos versos se repiten a modo de estribillo una y otra vez en cada página anticipándonos un final tan esperado como contundente.

Detalles como las letras mayúsculas construidas con huesitos, el matamoscas sostenido por uno de los brazos en cruz del cadáver de la vieja y el coqueto camafeo con la mosca, acentúan ese cruce frecuente y fatal entre humor absurdo y humor negro presente también en los poemas de Lear, como en muchos otros autores de la literatura del absurdo

El juego con el sonido de las palabras, su musicalidad, su ritmo, sus pausas y rimas, tan difícil de sostener en las traducciones, resulta imprescindible para el efecto humorístico del texto.

Sin embargo, el juego en este libro, no sólo pertenece a las palabras sino también a las ilustraciones, la edición y el objeto en su conjunto. El libro mismo es el personaje (¿muñeca?) cuyas páginas en el centro nos revelan los sucesivos “alimentos” en su estómago (con los jugos gástricos y todo) y finalmente permite, mediante un truco de ingeniería de papel, que la vieja cierre sus ojos para siempre.

Las ilustraciones del interior del personaje suman surrealismo a la situación. En ellas podemos ver a una mosca exploradora mirando por su catalejo aquel nuevo mundo en el que ha caído; a un perro que a la manera de un mago divide en dos al gato, o a una vaca con alas y zapatos echada en los jugos gástricos.

 

Érase una vez una vieja que se tragó una mosca gris es un buen ejemplo para observar que en los libros para niños no sólo las palabras juegan hasta llegar a enloquecer; la totalidad del objeto – libro con todos sus elementos pueden participar de ese juego. ¿Libro o juguete? La diferencia parece mínima e intrascendente.

por Marcela Carranza

Editorial: Catapulta
Industria: Argentina

 

 

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Dimensiones 39 x 30 x 9 cm